20 de junio de 2012

Alguien me mira.

Mi primer beso se lo di a mi primer novio cuando tenía casi 15 años. Duramos, después de ese beso, unos 3 años juntos.

Pero en ese montón de tiempo terminamos y volvimos muchas veces (yo siempre terminaba porque estaba harta y sufría, y yo siempre aceptaba volver cuando él me lo pedía... ¡tonta!). Recuerdo una permanente sensación de desconfianza, de falta de complicidad real y honesta.

Es como mi karma eso parece. Pero bueno, era chica, era mi primera relación, tampoco fue nada tan grave. El recuerdo que guardo de esos años es el de "el primer pololo (novio)". Ni más, ni menos.

Mis años de colegio no fueron muy memorables, no lo pasé especialmente bien ni mal, pasaron sin pena ni gloria, y esta relación, larga y todo, también. Me costó mucho terminarla definitivamente, pero cuando él salió del colegio (un año antes que yo) y se fue a estudiar a otra ciudad, lo logré. La verdad, fue sacarme un peso de encima.

Pero una cosa es terminar una relación, y otra es que te dejen en paz. Por años este ex (mi primer ex) me escribió cartas, laaargas cartas llenas de nostalgia y palabras de amor. Por años me llamó y me pidió juntarnos a conversar. Yo tontamente aceptaba, hasta que ya no soporté que siempre toda conversación supuestamente "amistosa" terminara en "es que yo todavía te quiero", "es que tú eres mi primer y único amor", "es que no hay otra como tú"... etc.

Pasó un año, y pasaron dos, tres y cuatro también... y seguía igual, con sus cartas y llamados. Yo cada vez le daba menos pelota, no por maldad, si no que por cortar esa pequeña obsesión que estaba construyendo y que no le hacía bien ni le servía para nada porque lo nuestro ya era pasado, pisado, aplastado y enterrado... ¿cómo no se daba cuenta?

O sea, ok, puedes quedarte pegado con alguien, y sufrir un tiempo, mucho o poco, pero no puedes estar por años intentando volver o que te tengan lástima, ¡no es sano para nadie!

Un día, seis años después de haber terminado oficialmente, volvió a llamarme, quería que nos juntáramos, "en buena", porque hacía tanto que no hablábamos. Era cierto, hacía mil que no me daba señales de vida, pero yo estaba embarazada y sacando mi visa para irme a Alemania (cosas que no le comenté) y le dije que no, gracias, que me había aburrido de intentar ser amigos y que no se podía porque él insistía en hablar de amor.

Me juró que nunca más haría eso, que ahora sí quería ser sólo amigos, que no le gustaría perder contacto, pero yo le repetí que no, y no no más. Y así fue que perdimos contacto por muchos años, casi diez para ser exactos.

Confieso que con lo presente que fue este personaje en mi vida, más de una vez me pregunté en qué estaría tantos años después, si se habría casado o no, dónde viviría. Al volver a Chile tenía "miedo" de encontrármelo en la calle, pero pasado un tiempo me olvidé del tema, hasta que el año pasado una amiga en común y yo nos pusimos a recordar tiempos de colegio y nos acordamos de él.

Mi amiga tenía un número antiguo de él y por "molestarme" (siempre me molestan con él) me lo dejó anotado en una servilleta. Y yo tontamente lo guardé. Sí, lo guardé, porque pensé "ya, han pasado tantos años, algún día lo podría llamar para saber qué pasó con su vida". Y listo, eso fue.

Pasaron los meses, estuve pololeando, terminamos con ese pololo, me la sufrí toda... y un día, estando sola por ahí, aburrida, deprimida quizás, me bajó la curiosidad (y la estupidez también, claro) y lo llamé. Casi se desmayó el hombre. No podía creer que yo fuera yo. Se notaba, a través del teléfono, f-e-l-i-z. Me preguntó miles de cosas, que qué era de mi vida, que cómo estaba, por supuesto: si estaba con alguien, dónde vivía. Yo también le pregunté a él y por suerte vivía lejos ("¡bien!" pensé yo), estaba casado ("¡mejor aún!"), y tenía un hijito ("¡perfección!"). Me sentí aliviada.

Pero cual no sería mi sorpresa cuando de pronto empezó la clásica "oda a Irantzu"... y empezó a hablar de lo especial que yo había sido, que él recordaba toda nuestra "maravillosa" historia, nuestros años juntos, que yo signifiqué mucho para él, que a todas sus parejas posteriores les habló de mí para que tuvieran claro lo importante que fui, que incluso a su actual mujer (a la que había conocido hace unos cinco años) le contó todo... y yo pensaba "¿le contó qué? ¡si tuvimos un pololeo (noviazgo) de adolescentes hace 15 años!".

Empezó a recordar momentos específicos... me preguntaba si me acordaba de cuando hicimos esto y lo otro, y la verdad, yo me acordaba de algunas cosas vagamente y de otras para nada. Es que *ya fue*, y quizás para él yo fui su primer amor pero él para mí fue mi primer pololo no más. Tuvimos una relación con momentos lindos y feos, y después de terminar fue bastante irritante su actitud.

Por un momento, mientras hablábamos, pensé "estúpida, tú estabas a salvo, pero ahora has despertado al monstruo y todas sus obsesiones". Pero no. No desperté a nadie. Lo que pude descubrir con esta llamada es que en realidad, el monstruo nunca se había dormido. Me vigilaba desde la sombra. Nunca dejó de hacerlo. Quizás llamarlo fue una idea ingenua o extremadamente tonta, pero me alegro de haberlo hecho, porque de no ser así, él seguiría espiándome y yo no tendría idea, y la verdad, prefiero saber. Es mejor saber.

Sin querer queriendo me mencionó algo de mi foto de perfil en Fb, que yo había cambiado hacía dos o tres días nada más. Se me pararon todos los pelos. ¡Lo tenía ahí, encima mío, permanente todo este tiempo! Porque ok, uno puede tener la curiosidad y googlear a algún viejo ex, amig@ o conocid@ (todo lo hemos hecho, ¿o no?), pero él sin querer me dio a entender que siempre estaba mirando mi cuenta, casi a diario. "¿Revisas mi perfil? ¿desde cuándo? ¿Y POR QUÉ?". Se tupió entero, no supo que decir. Me dijo que él no tenía Fb en realidad, pero que sí, que "a veces" me revisaba desde... ¡la cuenta de su señora! Qué feo. Pobre señora. Hitchcock se queda chico al lado de este hombre, pensé yo.

Al final de la "conversación" me dijo que no quería que yo pensara que él seguía pegado ni nada, pero que si sería posible pedirme mi correo o algo, para "mantener contacto". Le dije que no, que lo dejáramos hasta aquí. Que yo lo había llamado por curiosidad, por cerrar el círculo ya que la verdad, soy amiga de todos mis ex, y con él nunca pude serlo por razones obvias, pero que él ya está casado, con hijo, y que me parecía que era suficiente con esta conversación, que de todas maneras me quedaba claro que él me tenía ubicada en Fb, y ahora además se quedaba con mi número de celular (móvil), pero que, por favor, no me anduviera llamando ni mucho menos mandando mensajes. Y cortamos "amistosamente".

Pensé en cambiar mi número, pero después pensé que sería aumentarle la obsesión, así que no hice nada y esperé a ver qué pasaba. Y no pasó nada hasta mi cumpleaños. Ese día me llamó y no le contesté. No, gracias, pero no. Decidí cortar todo contacto de raíz. Me llamó de nuevo ese día. Y una tercera vez, y una cuarta hasta completar 6 llamadas perdidas. Y al otro día nuevamente, tres o cuatro llamadas. También tenía llamadas perdidas desde un número desconocido. No le contesté y no me arrepiento. En Fb nunca más puse una foto mía en el perfil.

La semana pasada sonó mi teléfono mientras estaba en clases con los niños. Salí a contestar por no conocía el número y uno nunca sabe (podía ser del colegio de mi hijo), y era él. Le dije "sorry, estoy en la práctica, tengo que cortar", y no le di tiempo ni para despedirse. A mí si alguien me la hace así de corta, diciéndome que no me llame, no me mensajee, no me contesta el teléfono, y cuando me contesta me corta rápidamente, entiendo inmediatamente el mensaje. Pero él no, yo sé que él no.

Yo sé que se casó porque es lo que tenía que hacer para seguir con su vida, seguramente está con una buena mujer, que le tiene paciencia, pero yo creo, sinceramente, que mi primer ex es tal cual pintaron al personaje de "Soltera otra vez" la otra vez: el tal Bernardo, un "ex" histórico de la protagonista, que tenía guardadas todas las cartas y tarjetas, las releía cada día, pensaba en ella cada noche, y esperaba que la vida "los uniera nuevamente"... Del terror, pero ésa es mi historia. Y es real. Yo no creo que él sepa de este blog, pero si estás leyendo, te pido un favor: ¡para la obsesión, quema la etapa, y por sobre todo: respeta a tu señora y tu hijo! Se feliz.

2 comentarios:

  1. que terrible. siempre hay gente obsesiva, que no pasa página y se queda pegada... nunca me ha pasado así como cuentas pero si tuve un novio que lo pasó mal y antes de venirme a España él se apareció por mi barrio de casualidad. Siempre me pareció raro este acontecimiento...pero nunca me puse a pensar si me espiaba o algo y puede ser que si...miedo!

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  2. Qué miedo. Me gustaría meterme en la cabeza de gente así para ver qué les hace comportarse de esa manera. Por lo menos es obsesivo, pero no es violento ni nada de eso, finalmente espiando no hace daño a nadie (bueno, a ti te molesta, eso sí). pero pobre su mujer con un marido que no puede pasar página.

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