7 de junio de 2015

No se pega.

Hace poco estuve hablando con un par de personas sobre el castigo físico hacia los niños. Yo, total y absolutamente en contra. Ellos, medianamente a favor: justificaban pegar si era a los hijos de uno y si era despacio, alguna palmada, "nada tan violento".

Me estresa, la verdad, que haya gente que defienda pegar. Que digan "nadie puede pegarle a un hijo mío, ni sus abuelos, ni un tío ni el profesor, nadie, pero uno como padre/madre puede recurrir a darle una palmada a veces, para que entienda".

Para que entienda, dicen. ¿Qué entienden de eso? ¿Qué mensaje estás dando acerca de las agresiones físicas cuando les pegas "para que te hagan caso"? Lo que haces es demostrarles que es válido pegar a veces, cuando te conviene, cuando el otro es inferior físicamente, cuando su comportamiento te supera.

Creo con 100% de convicción, y en esto no me muevo ni 1cm., que a los niños se les debe inculcar que no se pega, a nadie, nunca (salvo defensa propia), y también que a ellos nadie tiene derecho a pegarles, realmente nadie, nunca, ni siquiera su propia madre/padre. En especial su propia madre/padre, en realidad.

Desear pegarle a alguien, incluso a un hijo, es normal, es válido, no nos hace malas personas ni monstruos. Muchas veces nos saturamos, estamos al límite, no encontramos estrategias ni nos queda paciencia. Puede que nos pase con un hijo, con un niño ajeno, con un pariente, con un colega, con un desconocido... pero curiosamente a otro adulto no le pegaríamos con tanta libertad. No es algo que justificaríamos. No lo haríamos. ¿Por qué con un niño sí nos creemos con ese derecho?

Nunca es el niño el que necesita recibir ese golpe, es el adulto el que necesita darlo, necesita sentir que controla la situación, aunque sea de esa forma, necesita desahogarse. El golpe no enseña lo que queremos enseñar, sólo enseña a obedecer para evitar otro golpe (independiente de que sea un golpe fuerte o suave). Para realmente enseñar algo bueno, y que el niño lo entienda e interiorice, se necesita tiempo, diálogo, dar el ejemplo, no un golpe.

Cada caso es un mundo, cada familia también lo es, pero hay ciertos principios claves que son importantes entregar para que formemos una mejor sociedad y sobre todo adultos felices: no mientas, no robes, no pegues... Enseñemos estas cosas (entre otras), que no nos importe si nos hemos equivocado hacia atrás, que no nos influencie lo que hayan hecho nuestros padres. Creamos en nuestras capacidades como padres - educadores - cuidadores.

Eduquemos, no adiestremos. Enseñemos, no reprimamos. Y si no podemos, si nos sentimos abrumados, pidamos ayuda, busquemos a alguien, pero saquemos el castigo físicos de las posibilidades, que no sea la primera opción ni la última. Simplemente, que no sea opción.

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